Mi casa está vacía

P1020423

Me siento en casa cuando el sonido del agua de tu ducha cesa y me despierta. Cinco minutos llenos de pequeños ruidos de toallas, productos de belleza y zapatillas después, abres la ruidosa puerta y sé que me toca levantarme.

Me siento en casa cuando el secador de tu habitación me recibe tras mi ducha. Mientras me arreglo en medio a mi caos, tú te arreglas en medio a tu impecable rutina.

Me siento en casa cuando llego a la cocina para el desayuno antes de ti y te veo mezclar leche caliente en los cereales. Y también cuando tú llegas antes de mí y, cómo tienes más tiempo, te haces una tortilla francesa para que no sientas hambre antes de la comida.

Me siento en casa al escuchar tus indefectibles pasos mientras haces todo eso. Toc, toc, toc, los tacones acompañan el ambiguo ritmo de tu cuerpo: rápido y asertivo, señal de alguien que sabe dónde va, y al mismo tiempo delicado y calculado, una revelación de tu omnipresente feminidad.

Me siento en casa cuando llego a la cocina y me obligas a guardar los platos en el fregadero, porque ya no hay un centímetro libre para nuevos platos mojados. Porque fuiste la última en usarlos y prefieres siempre usar todo el espacio libre posible para no tener que guardarles. Guardar a los platos es mi especialidad: lo hago a toda velocidad y meticulosamente arreglo las ollas conforme su tamaño y forma. Limpiar a la cocina, sin embargo, es tu especialidad. Me siento en casa cuando veo el brillo perfecto envolviendo a las tres bocas de gas y la cuarta, eléctrica.

Me siento en casa cuando escucho tu suave ronquido en las noches después que bebes vino, tu suave canto mientras tocas tus canciones favoritas en tu habitación, y nuestros nada suaves cotilleos durante las periódicas sesiones de limpieza de ventanas.

Me siento en casa cuando tu móvil empieza a tocar a la canción de Oasis Stand By Me y me trae recuerdos de mi otra casa. O cuando busco, siempre sin éxito, por la chocolatería en Los Rosales donde entramos una noche fría y lluviosa. Allí tomamos el mejor chocolate de la ciudad mientras nos reíamos de las inmensas dificultades que enfrentábamos para encontrar una casa. Me dijiste que no me agobiara, que tuviera paciencia, porque nuestra casa luego se revelaría para nosotras.

Mi casa está vacía.

Anúncios

Deixe um comentário

Preencha os seus dados abaixo ou clique em um ícone para log in:

Logotipo do WordPress.com

Você está comentando utilizando sua conta WordPress.com. Sair / Alterar )

Imagem do Twitter

Você está comentando utilizando sua conta Twitter. Sair / Alterar )

Foto do Facebook

Você está comentando utilizando sua conta Facebook. Sair / Alterar )

Foto do Google+

Você está comentando utilizando sua conta Google+. Sair / Alterar )

Conectando a %s